. Sentada en el suelo de parqueé viejo y carcomido … Angela miraba su entorno … aquella era su casa … una casa enorme, verdad … pero muy vieja y sin manutención … abandonada desde hace más de 20 años los techos se fueron derrumbando, uno después de otro … aquél enorme salón era el único sobreviviente … no tenía mucho espacio libre … a Angela le gustaba aprovechar todo lo que encontraba en la basura y le parecía que se podía utilizar … le decían que sufría del síndrome de Diógenes … pero ella era feliz … y no molestaba a nadie ...
Cinco años … cinco años viviendo allí y su incesante busca de cosas nuevas ia ocupando los espacios vacíos … y ya no había muchos … … dormía en un colchón viejo … también encontrado en un contenedor … e sabía donde estar a la hora de cierre de algunos supermercados y restaurantes para conseguir comida …
A su lado Gardel, su gato de confianza … tres años … y muy bien cuidado … su defensa contra los roedores que por veces intentaban acercarse … no los comía … pero … después de una intervención del felino, o no quedaban vivos o no volverían a intentarlo …
Antes de quedar sola y decidir vivir en las calles, Angela trabajó muchos años en una clínica veterinaria … por eso, cuando encontró una aniñada de pequeños gatos acabados de nacer, escogió uno y lo llevó a su antigua jefa … por amistad ella lo observó y lo vacunó … siempre a vivido con ella … hace unas semanas volvió a visitar la clínica y su Amiga le ha dicho que todo estaba muy bien con él … le hacía mucha compañía … a veces llegaba a pensar que él la escuchaba y la comprendía … ella no hablaba con nadie más …
Siempre que volvía a casa con el carro de compras del Mercadona, Gardel inspeccionaba lo que traía … olías cosa a cosa … … no lo había robado … no … lo había encontrado abandonado, le faltaba una rueda … y ella lo llevó a casa … sabía que tenía otro solo con una rueda … ella mismo la colocó … y así transportaba todo … hoy volvía muy contenta … había encontrado una bolsa de comida para gato … estaba abierta pero tenía todavía casi la mitad …
Por el nerviosismo de Gardel comprendió que ya lo había encontrado …
— Tranqui … cariño … es tuyo … ya te lo doy …
Gardel la miró y hizo soltar su ronroneo … sabía que ella no le fallaría …
Para pasar el tiempo Ángel revisaba todo lo que traía a casa … un cuadro con la montura rota … una lampara sin bombilla … un espejo … rollos de papel … bolis … lápices … un poco de todo … y todo acababa utilizando y recuperando …
Algunas cosas, después de restauradas, intentaba venderlas … se sentaba en el suelo, en una acera frecuentada … y siempre hacía alguno dinero … no mucho … pero lo suficiente para algunos “extras” …
Lo que ella más temía era que alguno día entrasen a robar … todos las noches, antes de irse a dormir revisaba las “ratoneras” que tenía en las tres entradas posibles … objetos colocados estratégicamente que al minino toque harían muchos ruido … al menos el suficiente para despertarla … pero nunca había tenido problemas … y esa era su vida … muy tranquila y muy sencilla …

Estimado Jorge: tu relato es sencillo y efectivo, como una fotografía de un instante. Si me permites la sugerencia, trabajar la tipografía y la puntuación ayudará a que el lector lo lea con más comodidad y que las imágenes que describes se perciban con mayor claridad.
ResponderEliminarUn abrazo y que no decaiga el afán de escribir.