. AHORA SI … TE PERDONO …
.
. Se escucharon dos toques en la puerta.
— Entre!
— Me ha llamado, D. Gerónimo?!
— Si. Eduardo, siéntate … quiero comentarte algo.
D. Gerónimo era el propietario de SEVILEGUN, un almacén de artículos leguminosos … garbanzos, alubias, con venta a granel, algo difícil de encontrar, en los días de hoy.
La empresa fue fundada por sus padres … cuando fallecieron, su hermano, mayor que él, asumió el liderazgo … su muerte prematura empujó Gerónimo a tomar las riendas del negocio familiar … ya tenía él más de 50 años …
La verdad es que con sus ideas y métodos, revolucionó la empresa …
Entre los cerca de 12 empleados, Eduardo destacaba … era de una puntualidad irreprensible … siempre acataba las ordenes con una sonrisa en los labios y era muy responsable.
Por eso, siendo una de las adquisiciones más recientes, no llevaba ahí más de año y medio, Eduardo era quien estaba mejor puntuado …
D. Gerónimo sentía un gran cariño por él.
Ya viudo, el jefe vivía con su hija, una joven de cerca de 30 años, soltera, debido a que tenía que cuidar de su padre …
— Mira, Eduardo. Eres un muy buen empleado … y sabes que te tengo mucho aprecio … veo en ti algo especial …
— Muchas gracias, D. Gerónimo …
— A ti, por tu labor … Mira … Estaba pensando … porque no pasas esta tarde noche por mi casa? Así podemos cenar y hablar fuera de aquí … tu … yo … y … María, claro …
Los ojos de Eduardo brillaron … sabía que su jefe tenía una hija, un poco más joven que él … pero jamás la había visto …
— Que me dices?!
— Que si, D. Gerónimo … como iba yo a rechazar tanta amabilidad … …
— Entonces cuento contigo … a las 20h?!
— Si. Por mi muy bien … ahí estaré …
Eduardo se retiró cerrando la puerta con extrema delicadeza.
Gerónimo respiró hondo … le gustaba el chaval … con un poco de suerte a María le caería igual de bien …
Él ya se sentía muy mayor … Eduardo parecía ser buena persona … una buena solución para dos importantes preocupaciones … el futuro de su hija María … el futuro de su empresa ...
Eduardo llegó un poco antes de las ocho de la noche … María le abrió la puerta.
— Hola! Tu eres Eduardo, supongo …
— Si! Y tu, María, verdad?
— Exacto … Pasa, mi padre te espera en el salón.
Él sonrío, y la siguió.
— D. Gerónimo … aquí estoy!
— Hola, Eduardo — la cara del hombre se iluminó cuando notó el rubor del rosto de su hija.
— Tomas algo antes de cenar?
— No, gracias. No suelo beber nunca.
— Muy bien … si me permites yo termino mi whisky.
Pocos minutos después estaban los tres sentados delante de una mesa a la que no le faltaba de nada … de los langostinos al faisán …
Las conversación eran amenas … María era la que hablaba menos …
Gerónimo estaba contento. Las cosas parecían ir por el camino que el deseaba … su hija parecía encantada con Eduardo … este era muy delicado con ella …
Poquito a poco se fue sintiendo cansado … somnoliento … la clara luz del salón se fue oscureciendo … cada vez más … hasta el negro total …
No tuvo consciencia de cuanto duró … le parecieron un par de segundos …
Abrió los ojos … llevó algún tiempo a volver a acostumbrarse a la luz del salón … lo que vio lo dejó petrificado … María estaba amarrada con una cuerda de nylon … parecía inconsciente … intentó levantarse de la silla … pero se dio cuenta de que también él estaba atado …
— Que pasa aquí ?!!!
— Tranquilo D. Gerónimo … no vayamos tan deprisa …
Delante apareció un Eduardo distinto … más firme … mirada directa …
— Que haces?!!!
— Todo a su tiempo … D. Gerónimo … Saltero …
Escuchar el sonido de su apellido hizo abrir muchos los ojos … hace años que no le usaba …
— Como … como sabes que me llamo así?!!!
— Te conozco muy bien … — empezó a tutearle — y desde hace muchos años …
— Imposible! Te conozco desde hace menos de dos años …
— Si! Bueno! Conoces un hombre de menos de 40 años, llamado Eduardo … pero … si te hablo de un niño … flacucho … muy llorón … llamado José Mingacho … a quien llamaban …
— Pepiños … !!!! !!! !!!
— Muy bien … veo que recuperas la memoria — la sonrisa de Eduardo era maquiavélica … — yo jamás olvidé aquél colegio interno donde tu eras el rector …
— Pero … María …
— María solo está dormida … no le pasará nada … no tiene que ver con esto …
Gerónimo respiró fuerte, pero seguía aprensivo … aquél pasado, que él pensaba enterrado … había vuelto …
— Te acuerdas de las veces que me has pegado?! Que me has gritado ?!!!
— No me acuerdo — mentía …
— Te acuerdas de aquella noche de diciembre en que yo estaba durmiendo y entraste en la habitación donde todos dormíamos … éramos seis … pero fue a mi cama a la que fuiste … … me hice el dormido … por miedo … pero sentí como me quitabas los pantalones del pijama … sentí todo el daño que me hiciste …
Gerónimo también se acordaba … se había arrepentido mil veces … no solo de Pepiños … de lo que hizo a casi todos los niños que pasaron por ahí …
— Lo que tu no esperabas es que yo, en la mañana siguiente, lo contase a un profesor … y te acuerdas de lo que pasó después?
Gerónimo bajó la mirada y permaneció en silencio …
— Me llevasteis al gimnasio … ahí solo estaban tu, el profesor a quien conté … al final era amigo tuyo … y otros dos hombres, para mi desconocidos … … y me pegasteis … una y otra vez … para mi duró una eternidad … solo pararon cuando me dieron por muerto … — Eduardo intentaba contener lágrimas de rabia — Me habéis abandonado en una cuneta … pero mira … ahí empezó mi suerte … me cogieron … una familia que pasó … me llevaron a un hospital … estuve cuatro meses en coma … cuando recuperé me llevaron para su casa y me trataron como uno más de la familia … Cambié de nombre … cuando descubrí quien estaba por detrás de Sevilegum comprendí que la vida me brindaba la oportunidad de vengarme … conseguí que me dieses trabajo y, poco a poco me fui acercando a ti … … pero hoy … todo termina …
— Que vas hacer, Eduardo ?!!!
— Nada. Todo está hecho ya.
— Perdóname … — fueron la últimas palabras de Gerónimo … su vida se le esfumó en un último suspiro.
Eduardo se sintió raro … tantos años soñando con aquél momento … imaginaba que se iría a sentir aliviado … libre … pero ahora, mirando al viejo … muerto … no se sentía mejor …
Le quitó las cuerdas … hizo lo mismo con María … seguía inconsciente …
Antes de abandonar la casa, miró por última vez aquella mesa … le sonaron en la cabeza las últimas palabras de Gerónimo …
— Perdóname …
— Ok. Ahora si … te perdono …
Cerró la puerta al salir.
.
. fin
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